El reencuentro
Posted by inca on 31st Octubre 2008
Esa noche apenas pude dormir a ratos. El frío de la montaña junto al miedo a que me encontrarán los hombres del capitán Olmedo me hacía estar con un ojo abierto.
A las siete de la mañana salí de mi cueva, el sol no sobresalía entre las montañas aún, pero ya llegaba la suficiente luz para ver parte del valle. Con los pocos víveres que me quedaban, partí hacia las casas en busca de más comestibles, a la espera que se hubieran dejado algo.
Bajaba poco a poco, ocultándome entre los arbustos y árboles de la montaña, no podía fiarme de que se hubiera quedado algún soldado vigilando. Ya una vez al lado de la primera casa el sol comenzaba a despuntar por el este iluminando todo el valle. No parecía que hubiera nadie en los alrededores, por lo que me decidí a entrar en las casas. Las 3 primeras casas estaban totalmente limpias, no sabía si es que allí no vivió nunca nadie o fue vaciado por algunos soldados, en cambio encontré un tesoro en la cuarta, ropa limpia en el armario, chaquetas y mantas. Tardé un buen rato, pero me llevé bastante ropa y mantas a la cueva, la próxima noche esperaba así no volver a pasar el frío de la noche anterior.
No estaba mal, ya había conseguido algunas cosas primarias para la supervivencia, pero al mediodía, mientras comía una de las pocas latas que me quedaban, recordé que lo principal que necesitaba era comida. Así que me dirigí hacía la carretera y de forma sigilosa comencé a seguirla esperando encontrar más casas o almacenes donde poder buscar.
Llevaba unos 4 o 5 kilómetros recorridos cuando me pareció oír un vehiculo acercarse. Rápidamente me tumbe entre los arbustos cercanos a la carretera y me mantuve inmóvil a la espera de que pasaran. En pocos segundos apareció un camión militar por la carretera repleta de soldados, pero era un camión diferente a los que llevábamos con el capitán Olmedo. Justo ya pasaban por delante mío cuando se paró en seco, aguanté la respiración como pude y me preparé para salir corriendo, pero no hizo falta, volvió a arrancar al poco tiempo y continuaron por la carretera hacía las casas que dejé atrás.
Se habían ido finalmente, así que me levanté y separándome unos metros más de la carretera por si acaso continué el trayecto que venía haciendo. No recorrí ni cien metros cuando oí un ruido que se me hizo familiar al momento, un arma me estaba apuntando a la cabeza.
El soldado me ordenó levantar las manos y caminar hacia la carretera, donde ya se veía el camión de antes volviendo hacia mi posición. Bajaron varios soldados del camión y mientras me rodeaban comenzaban a reírse entre ellos. Uno de ellos me dio una patada en la parte trasera de la rodilla desde atrás haciéndome arrodillarme en el suelo. Mientras otro soldado me repetía que volviera a levantar las manos mientras me apuntaba, otro soldado me soltó una patada en la cara dejándome medio atontado en el suelo.
Los soldados se seguían descojonando de risa mientras me ponía las manos en la nariz. En el momento en el que ya parecía que controlaba un poco el sangrado de mi nariz pude oír como discutían sobre algo referente a mí. Un soldado se acerco y se agacho a mi lado preguntándome si estaba bien. De forma irónica le pregunte que a él que le parecía. Sin parar de reírse me puso la mano en el hombro y me dijo susurrando:
- Tranquilo, en breve acabará esto. He ganado a los chinos, así que seré yo quien te meta la bala en la cabeza.
Era increíble, el muy “hijo de p.” me venía como si me quisiera tranquilizar mientras me decía que me iba a matar. Tuve ganas de saltarle al cuello, pero dos soldados seguían apuntándome detrás de mí y un solo movimiento habría hecho que me dispararan sin pensar.
Me levantaron y me volvieron hacer arrodillarme junto al camión mientras todos me volvían a rodear, comenzaron a hacer apuestas sobre cómo quedaría la mancha de mi sangre en la carretera y hasta donde llegarían las salpicaduras. Una vez que todos apostaron el soldado me puso su pistola en la coronilla de mi cabeza. Cerré los ojos pensando que no tenía ninguna salida y esperando que todo terminara.
- Alto!!, Tu, Seguera, baja el arma ahora mismo!!! – se oyó de pronto de una voz que salía del camión.
- Como? Señor, es uno de ellos, nuestras ordenes son matarlos!!!
- He dicho alto!!, no es uno de ellos, le conozco.
Levanté la vista como pude mientras la nariz me seguía sangrando. Me costó reconocerle, pero en cuanto estuvo justo delante mío lo pude reconocer al fin, era Franch.
Durante un buen rato los soldados le pidieron explicaciones a Franch de por que no me podían matar, pero no pudo convencerles de que no era parte del ejercito del capitán Olmedo. Al final para convencerlos para que no me mataran saco el argumento de que quizás sabía donde estaban los demás, y de que era más valioso vivo. Eso si pareció funcionar, y todos cedieron en llevarme a Viella a interrogarme. Me subieron al camión y Franch se me acercó hasta mí y con un susurro me dijo:
- Lo siento, es la única manera de mantenerte vivo. Suerte.
Antes que pudiera preguntarle nada él mismo me dio un golpe con su fusil dejándome inconsciente.
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