Entrada al punto seguro
Posted by inca on 21st Noviembre 2007
Un sonido como de una pequeña explosión me hizo abrir de nuevo los ojos, la niña estaba tumbada en el suelo sin moverse a apenas medio metro de mi, con esos ojos mirando al vacío y un agujero en la sien.
- Venga, vamos. No esperaras que te lleve en brazos no?? - Era una voz desconocida, desde luego estaba seguro no era David. Volví mi cabeza hacía arriba del coche. Era un soldado del ejercito español, de unos 20 años, con el típico aspecto de hacer la mili, una calva rapada y la vestimenta militar.
- Vamos arriba!!, - Me ordenaba mientras me tendía la manos para ayudarme. Por fin mi cuerpo reaccionaba y pude agarrarme a su mano y levantarme.
- Gracias, muchas gracias, no se que pasó, me quede paralizado… - intentaba explicar mi pobre actuación mientras él se reía.
- No eres ni el primero ni el último que vea que le pasa lo mismo. El primer día que vi una cosa de estas en Zaragoza, me pasó lo mismo que a ti. Tranquilo te acostumbrarás.
Acostumbrarme?, no era precisamente mi intención. Más bien sería no tener que verlos nunca más, pero no había muchas opciones en aquellos tiempos. Mis ojos comenzaron a buscar a mis compañeros pero no los veía hasta que Franc, el soldado que me salvó, me señalo a un camión de transporte militar situado en un arcén. Estaban todos bien, esperando que yo subiera. Mientras nos dirigíamos hacía el camión, le pregunté que hacían allí. Venían del punto seguro del polígono industrial, justamente al que nos dirigíamos nosotros, y estaban reconociendo el terreno y buscando comida y cualquier cosa que pueda ser útil.
- Toma, - le decía a Franc mientras le daba la llave del coche - A unos 800 metros allí, despues del puente hay un cordoba azul con comida en el asiento trasero y en el maletero.
- Tranquilo, ahora enviaremos unos hombres a buscarlo, vosotros descansad.

Subí al camión y Lourdes salto encima mio con los ojos llenos de lágrimas. Casi me ve morir, y eso la había afectado mucho, no dejaba de apretarme fuertemente durante un buen rato, hasta que ya se fue calmando.
- Veo que no soy el único que le afecta ver esas cosas no? - Me decía con una sonrisa dibujada en la cara David - Bueno, almenos hemos tenido suerte los dos y podemos contarlo.
- Si. Perdona, no entendía que te pasaba en la casa cuando te caistes y eso…
Me respondió con una simple sonrisa, no hacía falta darle más vueltas al tema. Mientras, Franc estaba al lado del camión, mirando con unos prismáticos el avance de sus soldados. Se oía algunos disparos mientras iban avanzando entre los coches. Desde luego se les notaba la profesionalidad, con calma y asegurando la zona, llegaron a nuestro coche, cogieron todos los víveres y volvieron sin un solo rasguño. Ya todos reunidos en el camión, Franc se dirigió a sus compañeros.
- Bueno chicos, no hay gran cosa, pero almenos no volvemos con los brazos vacíos. Volvamos al punto seguro.
Franc se subió al camión con nosotros, y nos preguntó que hacíamos allí. Le explicamos brévemente nuestra pequeña historia que escuchaba atentamente y dejando ver alguna que otra sonrisa, desde luego me dio la impresión de no contarle nada nuevo. Una vez finalizado el relato, nos felicitó por nuestra suerte y nos comenzó a contar lo poco que se sabía hasta ese momento.
El virus provenía de Daguestán, de un laboratorio secreto donde por un ataque de guerrilleros se infectaron toda la zona. A partir de ahí, todo intento de controlar la situación a significado una ampliación de la infección al trasladar a los heridos a hospitales de todos los países. En cuanto llegaron los primeros infectados a Madrid y Zaragoza, no sabían todavía a que se enfrentaban, por lo que lo trataron como un virus normal consiguiendo que todo el personal del hospital se infectara y perdiendo el control del mismo. Franc estuvo en la retaguardia que intentó bloquear la salida de los infectados del hospital de Zaragoza, pero salía a centenares y desconocían que la única forma de matarlos era con una bala en la cabeza. Este desconocimiento hizo que los soldados dispararan a discreción, dando la mayoría en el cuerpo y siendo inútiles esos disparos. Viendo que no morían, muchos soldados comenzaron a huir y finalmente dieron orden de retirada, se daba la ciudad de Zaragoza totalmente por perdida. Entonces se establecieron puntos en diversas ciudades que pudieran albergar gran cantidad de gente y que se pudiera proteger por los soldados, así crearon los 2 puntos seguros de Lleida y donde en uno de ellos fue reasignado Franc.
En ese momento el camión llegaba a las puertas del punto seguro, la fábrica de San Miguel, un recinto cerrado por vallas con dos posibles entradas, la entrada principal que da a la calle del poligono industrial, y la segunda que da a un camino de paso que da justo detrás de la fábrica. En la puerta, antes de abrirnos, se bajó Franc y se acercó a la valla para identificarse, una vez ya abierto se volvió a subir y nos pidió amablemente que no nos moviéramos del camión hasta que nos lo dijeran, por lo visto había muchos nervios y miedo, y un mal gesto podría hacer que algún soldado disparara sin preguntar. Realmente ese comentario me puso más nervioso que no tranquilizarme.

Nos tuvieron un buen rato dentro del camión parado, imagino que debían justificar de donde nos habían sacado. Ya pasados unos minutos, se subieron 4 soldados con sus armas y se puso de nuevo en marcha el camión por dentro del recinto. Estábamos todos callados, mirando a esos soldados que no nos quitaban el ojo de encima, como si esperaran algo aparte de mi tembleque en la pierna. Al fin se detuvo el camión dentro de un almacén, bajaron los soldados y nos ordenaron que bajáramos de inmediato, esto ya iba sin ninguna amabilidad. Enfrente nuestro había un hombre mayor, de unos 50 años, vestido militar y con cara de muy malas pulgas esperándonos, a su lado otro hombre y una mujer pero con batas blancas y mirándonos a todos de arriba a abajo.
- Cabo Franc me ha contado su historia, desde luego han tenido mucha suerte.
- Si, verá… - intente añadir.
- Cállese!!, todavía no han sido admitidos al punto seguro. Aquí están los doctores Beltrán y Escudero que les van a examinar, si por lo que sea hay una mínima opción de que estén infectados dispondrán de dos opciones, que les metan un tiro en la cabeza o marcharse.
- Hombre, tampoco es … - intentó responder David, pero un golpe con la culata del rifle del soldado que estaba a su lado en el estomago le hizo callar de golpe.
- Se lo diré por última vez, no pueden hablar hasta que se les admita en el punto seguro, ahora por favor, si son tan amables que las chicas se vayan con la doctora Escudero, y ustedes quédense aquí con el doctor Beltrán. Si intentan hacerse los listos e intentan cualquier movimiento, sepan que mis hombres tienen orden de disparar a matar. Doctores, les dejos en sus manos, en cuanto estén que me avisen que volveré a ver los resultados.
Sin esperar ninguna respuesta se fue por unas escaleras hacia una puerta que llevaba a una especie de oficinas. Dos de los soldados comenzaron a empujar a Ana y Lourdes hacia una puerta junto a la doctora, por lo visto nos separaban para la revisión.
- Desvístanse los dos por favor. - Nos ordenó el doctor. Los soldados nos miraban como esperando que dijéramos alguna burrada y darnos otro culetazo de fusil, pero ninguno de los dos nos atrevimos y comenzamos a desvestirnos. Comenzó con David, una mirada por todas las partes del cuerpo en busca de posibles heridas infectadas, incluso miraba por todo el cuero cabelludo de la cabeza por posibles cortes.
- Tranquilos, no es tan duro - mientras revisaba a David nos contaba el doctor, - Pero prefiere hacerlo así, de esta manera si llegaran a estar infectados no sería tan duro tener que echarlos o matarlos antes de hacer ningún tipo de amistad.
Por fin, unas palabras que nos tranquilizaba algo, desde que entramos no sabíamos si estábamos en un punto seguro para proteger a la gente o en un campo de concentración nazi. Finalmente acabó con David y les dijo a los soldados que estaba limpio y lo apartaran, era mi turno. En principio al igual que con David me comenzó a mirar por la cabeza y fue bajando sin ningún problema hasta que llegó a la rodilla, la herida que me hice al tropezar con aquella niña infectada no le gustaba nada. Se la estuvo mirando como unos diez minutos, yo de los nervios y pensando que podría estar infectado me comenzaba a salir lagrimas de los ojos, imaginándome a los soldados disparándome. Finalmente se levantó y apartándose un poco dio las ordenes a los soldados.
- Tiene una herida muy reciente, no se puede saber todavía si esta infectado. Cerrarlo en una habitación, mañana veremos que tal está.
- Pero si fue al caerme al suelo, no me llegó a tocar!!! - Tal como dije estas palabras sentí un golpe en la cabeza y perdí la consciencia, me habían golpeado los soldados.
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